Series – Mujeres Malas

1204789235_0Si algo hay seguro en esta vida (al margen de que el langostín ha venido a este mundo a redimirnos por medio de la alegría y los amariscados sabores), es que en las High Schools americanas no dejan dar conferencias a cualquier pelafustán de baja estofa. Durante muchos años, la principal figura que hizo bandera de estas suculentas giras de didactismo teenager desaforado, fue el nunca del todo bien ponderado Mr. T (M. A. Barracus)… ¿y qué decía Mister T. a propósito de la vida? ¡Como! ¿Qué no lo sabéis? ¡Pues cerrar las puertas y soltar los galgos que ya estamos todos! La filosofía del bueno de M.A. postulaba, y cito textualmente, que: “La vida son contrarios está el bien y el mal, el día y la noche, el queso fresco y el queso curao, la naranja guasintona… ¡y la pera de agua!

¿Esto que quiere decir? Muy sencillo, que para apreciar en todo su esplendor algo, tenemos que conocer su opuesto. Por eso, queridas Antonias… ¿Qué mejor manera de empezar a hablar del tema de este mes que no es otro que el de las Malvadas de la Tele, que citando peras, aunque sean de agua?

Y es que para poder comprender la idiosincrasia de las mujeres en general y de las protagonistas de serie en particular, es fundamental hablar de esas malvadas malvadosas de telenovela, serie o folletín que pululan por la pequeña pantalla, pero sin las que no podríamos comprender a la perfección el universo, y que hacen uso de sus diabólicos poderes, bien vestidas de cuerazo y con una fusta en la mano, bien pergeñadas al mas puro estilo colegiala cachonda, porque las malas son así, tiran de cuerpazo para conseguir sus maquiavélicos fines… ¡que dios las bendiga!

Porque decidme… ¿Quién no recuerda a la pérfida Ángela Channing dirigiendo con férreo pulso los designios de todo quisque en los viñedos de Falcon Crest? Y sin embargo, queridas Antonias… ¿Alguna de vosotras podría recordarme el nombre de otra protagonista femenina de aquel célebre culebrón ochentero? En efecto, no podéis, porque no nos engañemos, el ser humano es miserable y mezquino y, de un modo u otro, todos nos sentíamos identificados con esa vieja bruja empapada en perfume que era Ángela; vale, mas acartonada que una huevera del Ahorramás pero con una capacidad para el mal… ¡que para sí quisieran los muchachos de las Nuevas Generaciones del PP!

diana-v¿Y que me decís de la implacable Diana de “V”, la del cardado cañí? Ahí los guionistas de la serie estuvieron finos al adjudicarle a la moza una ascendencia lagartesca, porque así al menos cuando se la jugaba a alguien no podía cagarse en Dios diciendo que no sabía nada sobre su viperinidad y su lengua bífida o sobre su gusto por el engullimiento desmesurado de inocentes ratoncejos (que, dentro de lo malo, los lagartos se los introducían por la boca… ¡aprende Richard Gere!); y sin embargo decidme… ¿Alguien recuerda el nombre de la compañera rubia de Diana? ¡No! Porque pasó sin pena ni gloria al ser un personaje neutro y sin mala baba.

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Os preguntaréis a donde quiero llegar con todas estas disquisiciones… ¿Quiero decir con esto qué todas las mujeres son malas? ¡Ni muchísimo menos! Solo algunas y en las series, mi madre sin ir mas lejos… ¡es una bendita que tiene el cielo ganao! Lo que quiero apuntar es que las malas nos resultan atrayentes porque todos llevamos un sátiro degenerado dentro que, de no ser por las convenciones sociales, conquistaría el mundo a golpe de látigo para esclavizar a la raza humana, es por eso por lo que nos gustan las malas, bueno, por eso… ¡y porque suelen estar muy buenas! ¡Que coño!

 

Ivan Casquete