Un polvo guarro sobre el capó de un coche

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Un polvo guarro sobre el capó de un coche

No, no es el argumento de una peli porno. Somos macarras, pero no tanto. Es la definición de un cierto tipo de ligue, según una compañera del trabajo. Lo ha clavado, la tía… Y ahora nos vayamos a asustarnos y hacer aspavientos ¿eh?, que al igual que entre los hombres hay definiciones para clasificar los tipos de pareja sexual, entre las tías también las tenemos, a ver qué os creéis.

Está el buen chico, con el que sales porque «es que es tan bueno», pero que es más soso que una nevera vacía, y al final lo dejas por otro más golfo, pero que te da más vidilla.

Está el malote, y ahí ya entran tanto el canalla ligón como el que es un chungo, por peligrosidad social, básicamente.

Está el polvete retozón de una noche, que no llega ni al café de por la mañana, ni falta que hace. A este le podemos llamar, siempre según mi compi, «el polvo guarro encima de la máquina de pinball». Aquí te pillo, aquí te mato.

Está el chulazo con el que tendrías una aventura, pero no muy duradera en el tiempo. Lo que viene siendo «el polvo guarro encima del capó de un coche».

En último lugar, pero no por ello menos importante, divertido o que carezca de las cualidades y defectos antes mencionados, el que querrías como marido y padre de tus hijos. El secreto está en que los defectos no sean graves, y las virtudes muchas. Los problemas vienen cuando nos casamos con el polvo retozón, con el buen chico, o con el chungo a secas, y la pifiamos.

Y es que hay mucha leyenda urbana sobre cómo tratamos las tías el tema del sexo.

Que si lo hacemos con el cerebro y no con los genitales, por eso no pueden encontrar la fórmula de la viagra femenina; que si el porno no nos va; que si hay que cortejarnos (cenitas, regalitos) porque si no «nada de nada»; que si cuando somos madres ya «cerramos el chiringuito».

Vayamos por partes. Es cierto que nos cuesta más desligar cuerpo y mente cuando nos acostamos con alguien. Si haces una encuesta, la mayoría te dirá que no sería capaz de irse a la cama con alguien que no le gustara intelectualmente, aunque sólo fuera un poquito. Por «poquito» pongamos que ese rato en el que despliega todas sus artes comiéndote la oreja para llevarte al huerto, aunque luego sea mentira.

También es falso que no nos guste el porno. Lo que no nos suele gustar es cómo se presenta el porno en general, y cómo se trata a las mujeres en él.

Si es que además sigue siempre el mismo esquema: mamada, cunnilingus, follada por delante, follada por detrás, y a veces gran final (siempre sobre la cara de la tía). Incluso he visto alguna que limitaban el recorrido a mamada y dada por culo. Maravilloso, sutil. Vamos, que estamos deseando hacerlo en persona.

Y es que ese tipo de porno me parece que ha hecho más daño que beneficio en algunas costumbres sexuales masculinas, porque hay quien se lo toma como una maratón y un despliegue de posturas gimnásticas, incomodísimas, poco o nada placenteras para nosotras la mayoría de las veces. Si dices aquello de «cari, es que así no…», ya eres una aburrida y una estrecha. Lo dicho, mucho daño.

A todos nos gusta que nos halaguen, que nos inviten, que nos cortejen… pero tampoco nos pasemos. Si tardamos mucho en entrar en materia, y luego resulta un desastre, nos lamentaremos de no haberlo hecho antes, en la primera cita, porque ahora ya le has cogido cariño y no tienes más remedio que quedarte con él, como con un cachorrillo.

Así, de manera esquemática, la maternidad supone: 40 semanas (a veces 41) de convertirte en la hermana pequeña de Godzilla,
+ ser presa de tus hormonas
+ que tu cuerpo sea una república independiente y cambie sin control
+ un parto que casi siempre conlleva una cicatriz más o menos grande (episotomía o cesárea) y muy dolorosa
+ que aumentes 3 tallas de pecho de golpe (a los tíos les mola, pero no veas si es incómodo y, una vez más, doloroso)
+ no duermas más de dos horas seguidas al día
+ te caiga encima, de golpe, la responsabilidad de tu vida (nadie, absolutamente nadie, está preparado para ello)
+ que además tu chico se pase el día enfurruñado porque no le haces caso…

Pues mirad, no somos súper heroínas. De lo último que tenemos ganas es de follar, la verdad. Con el tiempo se pasa. Las cosas no serán como antes, para nadie. Pero si las raíces de la relación son buenas, el sexo volverá a su debido lugar. No lo tenemos olvidado. Así que tener paciencia. Lo bueno siempre se hace esperar. Ah, y otra cosa: que nos preguntéis constantemente cuando volverá nuestro cuerpo a ser como antes, tampoco es que ayude mucho a subir la líbido…

0812_corselette_LG0812_corselette_LG3

logolajugueteriaAunque a veces hay que darle un poco de aliciente al tema… Por eso, y porque en antonia_txt_body reivindicamos a la mujer en todos los aspectos de su vida, incluído el sexual, este artículo está ilustrado con imágenes de los artículos que encontramos en La Juguetería, durante la entrevista que YoDona Magazine nos hizo para su web. Allí pudimos comprobar que se puede ser sexy y picantona en todas las tallas, que los corsés y los ligueros nos quedan divinos a todas, y que no hace falta ser Sasha Gray para ponérselos.

0712_Kokeshi_LGAdemás, vimos unos juguetitos súper divertidos, muy tecnológicos, algunos tan discretos que parecen juguetes infantiles, y pasarían desapercibidos si alguien indiscreto te abriera el bolso.

Por cierto, la jefa se compró una fusta… No sé si eso será una indirecta para que curremos más.

M. Morgan

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