El hombre del cuarto oscuro

Si hay algo de lo que se ha hablado durante el mes de Mayo ha sido de El hombre del cuarto Oscuro, en la sala Azarte. Escrita y dirigida por Paco Rodríguez, al cual recordamos de Salmorejo Teatro, la pieza nos traslada al Madrid de los años 80, una ciudad salpicada por la agonía del fin del franquismo y las frenéticas políticas de la transición. Madrid es un hervidero cultural donde confluyen la flor y la nata de la modernidad, el mundo del cine, de la música y de las artes plásticas; toda una ensalada de personajes aliñada con las especias de la fiesta, las drogas, la promiscuidad y la libertad sexual.

Hugo, interpretado por el actor de culebrones portugués Pedro Cunha, es un inmigrante portugués que llega a Madrid en busca de una oportunidad, esa que parece que le niegan en su país. Su camino se cruza con el de Sofía, interpretado por la incombustible Fredeswinda Gijón, una chica manchega que llega a la capital con el mismo propósito que Hugo y el instinto de supervivencia a flor de piel. Su lugar de encuentro: el cuarto oscuro de un antro homosexual cuyo suelo esta lleno de semen tras una noche frenética. Sofía y Hugo vivirán una historia de amor y desamor marcada por los excesos y las infidelidades. Ambos personajes se enfrascarán en una lucha de poder donde el sexismo se dejará entrever como motor de la historia y como crítica de la sociedad misma. Será en ese momento cuando una bomba de relojería iniciará su particular cuenta atrás…

antoniamagazine-cuartooscuro-pedroLo primero que hay que decir es que esta pieza ha tenido un recibimiento magnífico por parte del público; ha llenado la sala prácticamente en todas sus funciones. Y es que no es de extrañar. Paco Rodríguez nos trae un texto sencillo y sin pretensiones, quizás un poco obvio pero con gracia. El reclamo de la pieza es evidentemente Pedro Cunha, un actor de telenovelas relativamente famoso en Portugal que parece que quiere meter la cabeza en la escena española. Pero señor Cunha, creo que usted lo lleva crudo. Lo primero que me horroriza de este señor es su registro de voz…o su falta de él. Su personaje desaparece prácticamente desde el principio pues se limita a vocear y a comerse el espacio de la actriz. Su personaje no evoluciona, está condenado a la horrenda sobreactuación que Cunha nos intenta hacer tragar desde el principio, infestada de movimientos injustificados, morcilleos mal hechos, pausas interminables que rompen el ritmo de la escena y todo un sinfín de barbaridades propias de una cara televisiva sin preparación para el teatro. Si a todo ello le sumamos la injustificada actitud cortante, sus miradas perdidas y sus ademanes histriónicos y casi de caricatura nos daremos cuenta de que lo único que se salva de su interpretación es su bonito cuerpo… cuando no se mueve, claro está. Concluiré añadiendo que si por mi fuera no le permitiría hacer siquiera un Arrayan, ahí queda dicho. Y ahora que su representante, si quiere, me eche a los perros; con lo que a mi me gusta Portugal y tener que tragarme a semejante fantoche…

Por suerte la obra nos descubre a Fredeswinda Gijón, una actriz y bailarina a la que ya vimos bailar en Triángulo y que se convierte en la verdadera luz de esta historia. El personaje de Sofía se nos presenta con una verosimilitud impecable, correcta en sus movimientos y aguda en las improvisaciones. Fredeswinda brilla con luz propia haciéndonos estallar en carcajadas en unos momentos para romper a llorar en otros. Consigue pasar de un registro a otro sin romper el ritmo en los cambios y respetando la cadencia del texto. Su personaje evoluciona con maestría y devora interpretativamente al portugués. Hay que valorar especialmente su maravillosa forma física y su gran trabajo gestual. Definitivamente ella ha sido la estrella y así se lo ha hecho ver el público. Sobresaliente

El Hombre del cuarto oscuro volverá después del verano y, esperamos, sea con otro actor diferente. Solo destacar una escenografía justa y medida pero un vestuario no demasiado acorde con la época. Aun así aplaudimos el trabajo de dirección y dramaturgia, pues el hecho de que haya una Antonia en la historia nos ha llegado.

Zäpp Amezcua

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antoniamagazine-cuartooscuro-FredesLA OPINIÓN DE LA JEFA

Como ya he dicho en más de una ocasión, no soy buena espectadora de teatro. Rara vez los actores consiguen sumergirme en la historia. Por eso acompañé a mi querido Zäpp a ver esta pieza con toda la buena intención del mundo, y estando casi completamente segura de que en esta ocasión tampoco estaría demasiado centrada en la obra.

Pero nada me podía preparar para encontrarme con semejante antagonismo encima de un escenario:
la bella y el zote
.

De los actores que sí han conseguido emocionarme puedo destacar la generosidad, para con el público y para con los demás actores que le acompañan en la interpretación. Fredeswinda Gijón es una actriz generosísima, del grupo de LAS GRANDES, completa, vivaz, emotiva, pero que se ha topado con el tremendo trago de compartir escenario con este amago de actor (Pedro Cunha), basto, infantil, sin expresión corporal, sin registros… bueno, sí, tan solo uno, y en esto sí que interpretaba a su personaje, ese bruto machista que cuando no convence, utiliza la violencia de manera desmesurada. Solo que en vez de emular al Marlon Brando de Un tranvía llamado deseo, parece uno de los chavales a los que visita Pedro García Aguado en Hermano Mayor: con gusto le darías un par de guantás con la mano abierta…

No conocía a este actor, y mira que por cuestiones familiares viajo bastante a Lisboa, pero, sinceramente, me hubiera perdido el descubrimiento y el mal rato que me hizo pasar, viendo como destrozaba la obra (el atrezzo y el escenario se llevaron también lo suyo), y como intentaba, sin éxito, comerle el terreno a su partenaire.

Lo que sí debo agradecer, tanto a Zäpp como al director de la obra, Paco Rodríguez, ha sido la oportunidad de conocer a semejante pedazo de actriz como Fredeswinda. Esta vez sí, una intérprete me ha convencido y emocionado.

Mabi Barbas